Kilantas y la serpiente
La noche amenazaba con caer deprisa, nubes tormentosas se reunían en el cielo, parecía que formaban una audiencia esperando el gran espectáculo.
Kilantas con el corazón en el puño, esperaba que aquella aparición aterrizara, su fuerza le abandonaba y las nauseas aumentaban a cada momento, temía, sabía muy poco sobre los avariel.
Era bien sabido que aquella casta elfa era la más pura que existió, tal vez los primeros en existir en este plano, muy conocidas son sus habilidades en la magia de todos aspectos que es igualada con la arrogancia y testarudez características de los elfos; sin embargo este no sería igual pues su mirada solo le mostraba soledad y muerte.
-osas profanar la santidad de este lugar, tu corazón demoniaco apesta- hablo por fin el avariel, su voz era tan inexpresiva como su cara.
Sabedora de su vulnerabilidad intento ocultar su cara, pero la sensación de la mirada oponente le hizo alzarla en un segundo. Debía enfrentarlo.
-vuestra magia es poderosa y las protestas justas-dijo ella con voz quebrada-déjame seguir con mi camino y no he de regresar jamás-propuso.
El avariel hecho a reír a carcajadas, su risa parecía venir del abismo, la risa más espantosa que helaba la sangre de la mujer- ¿Por qué habría de dejarte?, ¿acaso tu no fuiste quien termino con mi legado?- su actitud divertida fue cambiada por seriedad –mataste a Boros, el ultimo de mis seguidores-.
Con un movimiento de la mano hizo que apareciera un pergamino al frente de Kilantas, esta lo escruto con expresión desconfiada, miro al avariel y lo tomo con actitud dudosa, la escritura estaba borrosa por la antigüedad, parecía una lista de nombres, después de darle una leída superficial se dio cuenta de lo que significaba.
-Con que tú eres Duncan el líder de los moradores del valle Brenzat- susurro la asesina- tal vez seas uno de los hechiceros más notables, pero hasta ahora no conocí a uno lo suficientemente loco como para creerse un dios- comenzó burlona- ¡pero haber creado una secta no quiere decir que seas mejor que las escoria que te rodea!-.
La respuesta del avariel fue inmediata, levantando la mano derecha recito una palabra que la mujer identifico como mágica y dos relámpagos azules salieron disparados hacia ella para incrustarse en su carne, sin posibilidad de esquivarlo.
El objetivo había sido alcanzado, ella salió disparada a unos cinco metros y ya olía a carne quemada. Satisfecho por quitarse de encima a esa molestia se acerco, según los informes, ella fue contratada por los representantes de las villas aledañas a este valle, su secta se estableció allí, a pesar de no ser bienvenidos; esos idiotas no estarían nunca en paz con ellos a pesar de no ser dañinos para las villas.
Sus seguidores eran pocos, pero leales, ninguno de ellos causaría mas desastre del necesario; Duncan estaba seguro de hacer lo correcto, no era el dios como le implicaba la asesina, solo era el líder, quería dirigir a su gente hacia una vida pacífica y aislada, nada más. Pero eso ya no importaba, ¿a quién protegería? ¿Con quién viviría ahora? Esos pensamientos alimentaron su rabia, debía de recuperarlos y sabía como hacerlo y esa chica podría ser la clave.
Reviso su pulso, aun vivía, seria perfecta para ofrecer al abismo, el plano de los muertos, y así regresarían sus colegas, debía de preparar todo pues el ritual era demasiado antiguo y riesgoso.
Kilantas sintió como los relámpagos le destrozaron el pecho, se sentía marreada, confundida y todo daba vueltas, moriría, de eso no había duda, así que solo espero a que todo se tornara de negro, porque así es como se siente morir, o eso siempre creyó ella. Todo se apagaba poco a poco…
Abrió los ojos de golpe y sujetándose el pecho e inhalo fuertemente, no sabía dónde estaba ni como había llegado ahí, solo sabía que no era un sitio cualquiera, era una enorme habitación rellena de columnas con antorchas, un altar estaba frente a ella, cuatro vasijas estaban en cada esquina de él y una de ellas estaba abierta, una quinta vasija sobre el altar también abierta era lo único que alcanzaba a ver, un fuerte impulso le incitaba a acercarse.
Casi llegaba cuando de la vasija sobre el altar comenzó a salir un vapor verde y pestilente que comenzó a dar forma de una cabeza de serpiente, era casi tan grande como la mujer, está un tanto asustada dio un paso atrás con el rostro retorcido por el asco y el desconcierto.
- saludos hija mía, soy la serpiente negra- su voz parecía venir de un pozo pero a la vez era seductora- como sabrás has muerto, sin embargo no has sido enviada al abismo como las demás almas malditas, tu eres muy especial ¿no?-.
Kilantas no sabía que responder, ni siquiera estaba segura de haber muerto, pero tenía confianza en esa aparición brumosa, una extraña confianza.
Sin embargo eludió la pregunta-me imagino que quieres algún trabajo, mis habilidades te costaran caro…-dijo en tono despreocupado, con la intención de ver la reacción de la serpiente-dime de quien quieres la cabeza y te diré el costo-.
-no hay costo para lo que yo quiero, de hecho es lo mismo que tu mas anhelas en la vida: la cabeza de quien te hizo así- esta última palabra la pronuncio con un tono más frio, desdeñoso y a la vez hiriente para kilantas, esta sintió como una extraña sensación de hormigueo en sus piernas-lo que yo desee no es de tu incumbencia- rezongó la mujer- ¡no tienes ningún motivo para ayudarme así que no me vengas con esas falacias!- grito en un acceso de rabia.-oh, claro que lo tengo, eres mi hija, sé que no naciste así, eres el experimento de hechiceros y de tu…
-¡cállate, mi venganza solo yo la perpetraré!- gimió furiosa kilantas, mientras trataba de recordar uno de sus prodigios, pero las palabras se arremolinaban en su mente y no podía recordar.
-te propongo un trato- las palabras de la serpiente sacaron a kilantas de sus cábalas- me servirás como tu diosa, me juraras lealtad eterna, yo te daré lo que necesitas para tu venganza, la localización de los que aun viven y el alma de los que ya murieron, tu decidirás que hacer con ellos, ¿qué dices?
Kilantas tenía la faz desencajada, parecía que en su interior estuviera librándose una batalla, la serpiente era confiable, condenadamente confiable, algo andaba mal y la asesina lo sabía, en su cabeza no encontraba coherencia a los argumentos que se le presentaban pero….
-Está bien acepto, pero más te vale que no sea un engaño- amenazo aunque sabía que no estaba en posición de hacerlo- ahora qué demonios debo de hacer-.
La serpiente sonreía, o eso parecía en su forma humeante, una de las vasijas de las esquinas se elevo hasta estar a altura de su cabeza-destápala, para que regreses a la vida y acabes con aquel que te ha matado, ese será tu primer objetivo, mi pequeña hija-dijo la diosa con un tono muy dulce.
Totalmente fuera de sí, kilantas destapo la vasija, un olor nauseabundo salió de ella y hacia que el estomago se revolviera, sintió la misma sensación que cuando llego a ese lugar, solo atino a decir algo antes de perder el conocimiento- si mi señora…-
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ResponderEliminarpor si alguien se quedo con las ganas de leer mas sobre ella...
ResponderEliminar"por siempre vivo y orgullozo"