El fuego de la chimenea era tenue, sombrío.
Ya no se encontraba la mano sabía que lo hiciera rejuvenecer, desde que aquel anciano había dejado su estancia en el mundo material, sin embargo su cuerpo frio e inerte tenía las marcas de las batallas libradas en toda su vida, durante sus largos 18 años.
La estancia parecía formar al castillo que en viejos tiempos lo había cubierto con aire protector hacia la plaga llamada sociedad, cuatro paredes que marcaban en su eterno silencio las heridas de la guerra cotidiana, ya no había necesidad de soportar, de buena gana se desboronarían como lo había hecho su amo.
El espejo colocado en dirección este se mantenía frene a la horrible visión del que alguna vez se reflejo en el, comparando a ese joven que en cuestión de horas se combatió en un trozo de humano: sus ojos amenazantes ya no hacían gala de expresión alguna, su sonrisa taimada ya no se burlaría de nadie, su legua venenosa ya no causaría destrozos, su piel que alguna vez fue dura se calló, y la expresión de un grito de furia eterna era su despedida, si, era la muerte de la cosa.
Kilantas orgullosa de tan bueno trabajo hecho una última mirada al desgraciado hogar, confiando en que seria el mejor honor que podía dar al muchacho se marcho hacia su recompensa. Sus botas estaban manchadas de un fluido negro, ya se había acostumbrado a las sustancias mal olientes de los hechiceros. Una razón más para odiarlos.
Era una asesina de hechiceros, sin fama, sin fortuna, solo tenía su ropa. Un faldón de cuero, un peto color azul decorado con un rayo, sus botas que eran color café lodo y una capa color gris manchada de sangre, el único indicio de la batalla. Empezó a andar colina abajo, la choza en donde se encontraba estaba a un par de horas de la ciudad, llegaría justo antes de la mañana.
Había nevado, y esto no fue muy agradable para Kilantas ya que en el bosque aun quedaban troncos atravesados en el camino y el suelo era resbaladizo, sin mencionar que el puente para cruzar el rio rabioso ya era viejo, -solo me faltan goblins voladores-pensó sarcástica lo único que la consolaba era imaginar el sonido de las monedas de cobre, un jarro de cerveza, un trozo de cerdo asado (ya que le hartaba tener que comer solo frutos) y una manta caliente.
Un sonido despejo sus pensamientos. Alguien la seguía, giro en sus talones para encarar a su perseguidor. Era una comadreja blanca, como ella había cientos en este lugar. Sintiéndose paranoica y boba prosiguió su camino mascullando reprimendas para sí misma.
El rio rabioso recibía su nombre por su caudal, ya que el agua fluía tan rápido que podía arrastrar a un elefante, o por lo menos eso era lo que se contaba ya que siempre había neblina tapando la visto, solo se oía el choque de el agua contra las rocas el cual sonaba como el rugido de un león. El puente estaba gastado por el tiempo pero se mantenía firme, eso quiso creer Kilantas al llegar a él.
Al momento en el que se disponía a cruzarlo se detuvo en seco, una figura familiar le hacía frente: la pequeña y peluda comadreja le observaba fijamente, sus ojos rojos no mostraban miedo ni agresión, se limitaba a observar tranquilamente a la humana. Esta un tanto sorprendida esbozo una sonrisa leve
-tu sí que eres persistente-dijo Kilantas en tono burlón- que quieres de mi ¿monedas de oro?-.
-de hecho vengo por tu vida asquerosa humana- contesto en tono desafiante el animal, su voz era fría como la mañana de ese día. Kilantas miro de hito a hito a la comadreja, el animal había echado a correr intentando cargar hacia ella mientras emitía un chillido estridente, ella espero el encuentro pues le resultaba divertido, solo sintió un leve empujón cuando el animal se estrello contra su rodilla y caía inconsciente.
Al caer el pequeño cuerpo en la madera se oyó un crujido, unos segundos después el puente empezaba a colapsar llevándose a Kilantas y ala comadreja consigo a una muerte segura.
El silencio despertó rápidamente a Kilantas, algo parecía estar mal, miro a su alrededor y comprobó que se había encallado a la orilla de un lago desconocido para ella, no cantaban las aves, no gruñía el rio, no había animales asechando su cena; definitivamente estaba perdida.
Busco a la comadreja pero se había esfumado, así que estaba sola, reparo en su equipo: las pociones estaban bien pero sus libros arruinados, maldiciendo su desventura hecho andar rio arriba esperando que no estuviera muy lejos de Port Eats, su primer destino.
El camino se hacía cada vez menos boscoso hasta que llego a un claro lo único que rompía la forma uniforme del paisaje era un tronco de color verde moho roto travesado en el camino, la congoja crecía a cada paso, se le antojaba abrumador el paraje como si caminara junto con ella.
Concentrándose decidió que invocar la magia era la mejor solución, así que comenzó a recordar las palabras para transportarse, era difícil pero daba gracias de que no había necesidad de años de erudición con libros y componentes extraños como la escoria de hechiceros porque, después de todo, la magia vivía a través de ella.
El sonido de una flauta interrumpió su concentración, observo hacia el cielo y encontró una figura que solo vivía en los sueños de todas las criaturas vivientes:
De cuerpo esbelto con una túnica que alguna vez fue blanca pero el paso del tiempo desgasto, cabello blanco hasta la cintura con pequeños mechones dorados, su rostro ceniciento era una máscara de marfil intacta y perfecta, sus ojos grises mostraban largos siglos de espera y de experiencia conjugada a un tormento que jamás le abandonaría, de su espalda brotaban dos alas emplumadas color blanco solo comparado con el mármol.
Era un avariel, el antiguo linaje de elfos alados considerados desaparecidos. Los ojos de ambos se encontraron en ese momento, sabían que el enfrentamiento era inevitable, mientras el avariel descendía solo una palabra pasó por la mete de la asesina de hechiceros: ¡mierda!
BUENO, PUES ESTA ES LA PRIMERA PARTE DE UNA HISTORIA, UNA MUY LARGA QUE ESPERO PODER ACABAR...
ResponderEliminar"Los héroes menos esperados
Los hijos de la serpiente."
su servidor:
Ember, el dragon que renace
Por siempre vivo y orgulloso
Oh. pues te dejo un comen en tu blog... yeah!!! Has puesto algo bueno!!! Jejejeje Si!! Sigue con la historia mientras yo ahorita pasé de Mozart a Vivaldi!! Jejejeje, yo y mis cambios radicales....
ResponderEliminarMalo!!! Pon comen en mi blog!!